72 años de vida libérrima

Fecha de Publicación: 10/10/2016

Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.

Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM

Uno de los antiguos y grandes filósofos griegos (no me acuerdo cuál) dijo que no se podía calificar qué tan buena había sido la existencia de alguien, hasta que dicha persona muriese. Porque sólo hasta entonces contaremos con los elementos para hacer un balance. ¿De qué serviría una infancia y juventud luminosas –que se agracen, desde luego–, si después se experimentan desgracias de todo tipo y, llegada la vejez, sobrevienen el dolor, el abandono y la enfermedad?

El caso emblemático que tenemos más inmediato, es la vida del escritor, ensayista, divulgador de la astronomía, la física, la (bi, homo)sexualidad, así como del líder estudiantil del 68 en México, Luis González de Alba.

Él estudió psicología en la UNAM. Por su participación y convicciones en el movimiento estudiantil de aquellos años y, ante los lamentables sucesos represores de aquel 2 de octubre en la plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, fue apresado y recluido en la cárcel (El Palacio Negro) de Lecumberri. Luis González de Alba y otros líderes de aquel tiempo fueron “invitados” por el presidente de México, Luis Echeverría Álvarez, a abandonar el país. Ellos eligieron Chile, porque recientemente Salvador Allende había logrado ganar la presidencia de aquel país. Y se ilusionaron en que allá podrían recibir un apoyo congruente con sus convicciones. Nada de eso pasó.

El novelista y activista creció mucho, muchísimo, al calor de experiencias invaluables como sus estancias en Paris, Argentina, Brasil, Grecia, entre muchas otras. Pero sobre todo, sus aportes están diseminados en sus: novelas, ensayos, cuentos, poesía y columnas; en su pionera labor a favor de los derechos de los homosexuales; en su búsqueda inquebrantable de información en torno temas como la física cuántica y, en su propia versión de los hechos en Tlatelolco. Este último asunto, cargado de una perdurable e innegociable disonancia con Elena Poniatowska.

Luis González de Alba, un ser humano libérrimo. Supo asumir y defender su orientación erótico-amorosa. En su última obra, todavía en vida “Mi Último Tequila (Autobiografía procaz)” fue quien sí se atrevió a decir los nombres de sus grandes amores masculinos. Decidió quitarse la vida el pasado domingo 2 de Octubre. Si con nuestra vida no podemos hacer lo que se nos pegue la gana (incluso terminarla), entonces la libertad es pura vacuidad. Él nos dejó esa espléndida lección.

  • responder Elisa ,

    Verdaderamente una invitación al ser en el momento que debemos y pese a lo que pase. ¡Excelente columna la de hoy!

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