Encrucijadas del mundo adulto – Parte I

Fecha de Publicación: 14/09/2015
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.

Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM

La semana pasada se llevó a cabo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAEM, un congreso sobre juventudes. Se contó con la participación de expertos(as). Acudieron un amplio sector de académicos(as) e investigadores(as) procedentes de universidades de nuestro país y de Iberoamérica. El antropólogo social Carles Feixa, de la Universidad de Lleida, España y Maritza Urteaga, también antropóloga que labora en Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), impartieron –en el marco del mismo congreso– un taller enfocado a revisar el estado en que se encuentra la investigación en este ámbito, es decir, el de las culturas juveniles.

Al concluir el taller, estábamos en la sobremesa, al calor de sendos cafés expresos, cuando les comentaba a ambos que indudablemente el tema y los problemas que están viviendo los(as) jóvenes reviste trascendencia. Los partidos políticos y los gobiernos están revisando lo que acontece con este grupo etario. Saben que tienen que acercarse para ganar su interés y su expresión en las urnas. En la gran mayoría de los países del orbe, los(as) jóvenes están de cara a un escenario incierto; desprovisto de empleo seguro; carente de posibilidades de hacer una carrera profesional en algún sitio; lejos de la seguridad social y con una minúscula posibilidad de mejorar sus condiciones salariales. Este panorama pinta para quienes están en las aulas, cursando estudios de licenciatura o nivel técnico-superior. Para los que están fuera del sistema educativo, el horizonte es devastador.

A la otra orilla de la vida, está la vejez. Etapa que eufemísticamente se ha dado en llamar “tercera edad”. ¿Habrá cuarta o quinta edad? No me quiero asomar, porque lo que veo en la tercera edad está para dar lástima. Para este segmento poblacional lo que tienen frente a sí son: enfermedades crónico-degenerativas, discapacidad creciente, abandono, soledad, pobreza y podredumbre por kilos, a menos que algunos integrantes de las familias se compadezcan de ellos (as) o que tengan capital económico para acercarse paliativos de atención.

Al inicio de la existencia, los infantes. Desde los recién nacidos hasta los nueve años. Sobrevivir dependerá de su aporte genético, de su resistencia en el entorno y del nivel socioeconómico que les toque en suerte o fatalidad nacer.

¿Quién se está ocupando del amplio segmento de los adultos? Estamos apresados y sobreexplotados(as). Nuestra encrucijada –les decía a los especialistas—es que estamos atentos y dando respuestas de distinto calibre, para ver qué requiere la pareja, los crecidos hijos(as), sobrinos(as), primos(as); también los padres y abuelos(as). Los adultos somos el tejido social más amplio que sostiene a los países. Punto.

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