Fecha de Publicación: 21/09/2015
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.
Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM
Como grupo social, quienes formamos parte de ese ancho segmento poblacional de los adultos, estamos enfrascados en jornadas extenuantes. Ante el privilegio de tener empleo y un salario que pierde su poder adquisitivo, lo que nos queda es ¿O damos más de nuestro tiempo y esfuerzo, o ya vendrá otro de los nuestros que aceptará un puesto que le demande 9, 10 ó 12 horas de trabajo.
Quienes optamos por tener hijos(as), a pesar de haber creído en aquello que rezaba: “Pocos hijos para darles mucho”, las cuentas no terminan de salirnos. Hoy, la tendencia es que las mujeres que opten por la maternidad, tendrán dos hijos, pero conforme aumentan los años de escolaridad de las mujeres adultas, optarán por uno o por no tener descendencia. ¿A qué hora y en qué condiciones podría dedicarme a formar y a educar a un hijo o hija, comentan una gran cantidad de ellas? ¿Con qué lo voy a mantener si apenas alcanza mi salario para mi? Por si fuera poco, el empleo –como lo anoté en la colaboración de la semana pasada—constituye un lugar incierto, inestable y cada día más lejos de las prestaciones que caracterizaron al Estado de Bienestar. El contexto es más preocupante cuando el mercado del matrimonio civil y/o religioso continúa en descenso y, en otros casos, se han postergado tanto los planes de casarse, que cuando por fin se animan, las parejas ya perdieron mucho de su interés por tener vástagos.
Hay que dedicar una generosa parte de nuestros ingresos a: alimentación, vivienda, servicios de salud, educación, vestimenta, pago de servicios como agua, luz, acceso a telefonía, internet, televisión por cable, adquisición perpetua de dispositivos tecnológicos. Las tecnologías de la información y comunicación (TIC) están surcadas por la producción acelerada y, ante la llamada sociedad de la información, nosotros y nuestros hijos(as) intentamos formar parte de la sociedad del conocimiento. A estos cajones se van nuestros limitados ingresos económicos. Dejo del lado asuntos como gastos imprevistos por enfermedades, padecimientos crónicos como el sobrepeso, la obesidad y su consecuencia más directa la diabetes. Nada más siete de cada diez adultos padecemos de sobrepeso u obesidad. También dejo aparte asuntos como recursos económicos destinados a la recreación, las vacaciones y la adquisición de libros para acrecentar nuestros saberes.
Por si fuese poco, un amplio segmento de la población adulta nos tenemos que dedicar a cuidar o mantener a nuestros padres, madres o abuelos(as). Están a la deriva y lejos de contar con la protección y los cuidados para su desarrollo en esta etapa de la vida. Reciben paliativos. Esto es parte de nuestro día a día. Encrucijadas del mundo adulto que nos ha legado un modelo neoliberal despiadado.


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