Fecha de Publicación: 01/09/2014
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.
Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM
Las transformaciones sociales que se viven en el mundo y en cada país, para que estén a la vista y pueden ser comprendidas científicamente, requieren un doble esfuerzo. Por un lado, de un corpus teórico que sirva como andamiaje para entender qué está sucediendo y cuáles podrían ser las posibles explicaciones de aquello que pretendemos averiguar. Por otro, de instrumentos válidos y confiables para acercarnos lo mejor posible a esa parte de la realidad social que nos interesa.
Luego, con esos instrumentos, por ejemplo, entrevistas, cuestionarios, guiones, bitácoras, fichas y/o cédulas, salimos a campo para tratar de obtener datos, indicios, expresiones, manifestaciones, comportamientos, opiniones, percepciones, ideas, creencias, formas de enfrentar o resolver la vida cotidiana de grupos sociales, individuos u organizaciones. Estas cuestiones metodológicas, con mayor detalle y rigor, las enseñamos a nuestros estudiantes de licenciatura o de posgrado en las aulas universitarias.
Durante los años más recientes, quienes ejercemos la docencia y vivimos de la investigación, hemos tenido que adicionar una serie de advertencias y de variables a considerar, cuando pretendemos acercarnos a estudiar alguna parte de la realidad social. Nuestros estudiantes de diversas universidades púbicas en gran parte del país, deben tener en consideración que antes, durante y después de salir a campo –forrados con rigurosos instrumentos de indagación– deben tener en consideración el siguiente racimo de posibles contingencias: 1). Índice delictivo que vive la zona (secuestro, extorsión, robo, homicidio); 2). Existencia y operación de retenes militares; 3). Actividad productiva ilícita (siembra de estupefacientes y/o presencia de narcotráfico); 4). Enfrentamientos entre grupos armados; 5). Expresiones violentas entre grupos locales de la región; 6). Suficiencia, calidad y seguridad en los medios de transporte; 7). Cobertura de servicios de telefonía celular y acceso a internet; porque hay zonas donde simple y llanamente aún no llega la posmodernidad con estas tecnologías y servicios, a pesar de que lo que se anuncie.
Imagine usted las restricciones que se imponen a los estudios de corte sociocultural en entidades como Tamaulipas, Sinaloa, Michoacán, Veracruz, Chiapas, Guerrero, Nuevo León, Puebla y gran parte de la zona fronteriza del norte de México. Estos y otros imponderables de nuestro entorno parece que han llegado para quedarse un periodo considerable. Esta serie de factores que hoy permean distintas zonas de nuestro país, limitan y sesgan el potencial que tiene la investigación social para aportar conocimiento, comprensión sobre nosotros mismos y desarrollo a escala humana.


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