Fecha de Publicación: 14/04/2014
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.

Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM

Tenemos cierta tendencia a mirar el lado oscuro de las cosas. Hablamos con mayor soltura de los defectos de las personas que de sus virtudes. Todavía más: cuando alguien tiene la osadía de describir lo que a su juicio constituyen algunos de sus atributos, raudos ensartamos que “Elogio en propia boca, es vituperio”. Lo peor es que este tipo de expresiones, corren como argumento aceptado, sin que medie cuestionamiento alguno.

La semana pasada, mientras daba cierre a un módulo sobre “Comunicación familiar y estilos de vida saludable” en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAEM, pregunté a varios asistentes qué les venía a la cabeza cuando leían o escuchaban expresiones como: “Semana de la Salud” o “Jornadas de Salud”. Asombrosamente la mayoría hizo alusión a que en este tipo de convocatorias –dirigidas a distintos segmentos de la población– se abordan temas como: tabaquismo, alcoholismo, consumo de drogas, Infecciones de Transmisión Sexual (ITS), VIH-SIDA, cáncer intrauterino, cáncer de mama, aborto, sobrepeso, obesidad, diabetes, violencia doméstica, intrafamiliar y de género. Desde luego, también ocupó su lugar el tema recientemente visibilizado (pero nada reciente) sobre el acoso, en sus dimensiones escolar y/o laboral: Bullying, según el original término holandés.

¿Quién duda de la relevancia de estos temas? Nadie, en su sano juicio. Pero les cuestionaba a los y las asistentes: ¿Dónde está el abordaje de la salud, cuando hablamos de prácticas y estilos de vida saludable? Encaramos los problemas; los padecimientos; las afecciones; las patologías, pero el discurso y acciones en torno a la salud es marginal y, en otros casos, inexistente. ¿Qué podemos hacer para ensanchar pautas, conductas, comportamientos, interacciones y relaciones saludables? Para una parte de la población, varias alternativas están a la mano pero no son fácilmente percibidas. Van algunas. 1). Beber agua simple. 2). Equilibrar el consumo diario de: cereales, pasta o arroz; frutas y verduras, así como legumbres y frutos secos; leche, derivados de lácteos y aceites. Tres veces por semana el consumo de pescado, aves, huevos o carnes secas. Sólo ocasionalmente, carnes con grasa; embutidos y azúcares. 3). Realizar actividad física diaria, al menos 30 minutos; puede ser un poco más. 4). Jóvenes y adultos, dormir al menos 7 horas diarias; quizá hasta ocho. 5). Realizar actividades recreativas y de convivencia. 6). Descansar en ambientes tranquilos contribuye a la reflexión. 7). Leer y escribir, en tanto actividades nutricias para el espíritu; verdaderos viáticos para la vejez. 8). Conversar y estar física o virtualmente con las personas amadas, reanima. Hay que ganar más espacio para hacer de la salud, algo nuestro.

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