Fecha de Publicación: 25/03/2013
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.
Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM
Corría el año 1997, cuando tuve la fortuna de coincidir con el doctor Mario Herreros Arconada, investigador de la Universidad Autónoma de Barcelona. Gracias a una red de docencia que él logró crear, se obtuvieron fondos de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) para que comenzáramos una labor de intercambio de conocimientos entre profesores de seis universidades: Complutense de Madrid; Autónoma de Barcelona; de Sevilla; Nacional del Comahue, Argentina; del Zulia, Venezuela y, la nuestra, la Autónoma del Estado de México. Esa red se mantuvo viva cinco años. Cada una de las instituciones de educación superior participantes recibieron aportes del propio Mario Herreros, en materia de publicidad, campañas electorales y relaciones públicas; de Juan Rey (Sevilla) sobre imagen publicitaria y eslóganes; de José Luis Arceo (Madrid) acerca de comunicación e imagen pública; de Luis Rodolfo Rojas (Venezuela) en ámbitos de las relaciones públicas y empoderamiento en las organizaciones; de Ricardo Haye (Argentina) en torno a tema de producción radiofónica y, por lo que a mi toca (México) compartí con estudiantes y académicos, mis hallazgos sobre comunicación y familia.
Más allá de estas experiencias, lo que más atesoro son las lecciones de Mario Herreros. Comparto, en frases cortísimas, algunas que lo pintan de cuerpo entero: “Si tienes claro hacia dónde vas con tus proyectos académicos, no te distraigas atendiendo a quienes te descalifican o se cruzan en tu camino, para entorpecer la acción”. Otra: “Cuando te hayas equivocado, enmienda, sin decir palabra”. Una más: “Cuando propones proyectos que despiertan interés, muchos te dirán que sí; el buen ánimo revoloteará, pero muy pocos se mantendrán a tu lado para convertirlos en realidad”. Los años de convivencia personal y las muchas horas que le escuché disertando sobre sus temas de comunicación, acerca de las Cruzadas, la historia de México, de la cultura en América Latina y su compromiso con el pensamiento progresista, me llevaron a quererlo entrañablemente.
Mi labor docente, de investigación y varios aspectos de mi vida personal, se pueden entender mejor desde la coincidencia con Mario Herreros; un ser humano con gran sentido de humor; amoroso, fraternal y gran amigo; incansable, lleno de energía y lúdico; cinéfilo, melómano y trotamundos; con aportes valorados en el campo de la comunicación; gran docente de muchas generaciones de estudiantes y de colegas de la región iberoamericana. Hace poco más de un mes, en su querida Barcelona, Mario Herreros Arconada dejó de existir. Para mi, para quienes le conocimos, se ha quedado en la eternidad del presente. Por eso, “cuando un amigo se va, queda un tizón encendido, que no se puede apagar…”.


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