Andreas Günters Lubitz – Parte II (última)

Fecha de Publicación: 06/04/2015
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.

Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM

Hay otro ángulo que tendrá que tomar su propio cauce, si como todo parece indicar, se confirma que el copiloto Andreas Lubitz provocó la tragedia en los Alpes franceses, en los que acabó con la vida de 149 personas que viajaban en el Airbus A320 de Germanwings, filial de Lufthansa. Esta línea tendrá que demostrar que siguió el protocolo en materia de evaluación, vigilancia y control de su personal. En cada vuelo se deben seguir procedimientos y verificaciones de normas para garantizar que los pilotos, copilotos y personal de servicio a pasajeros cumplan con los estándares para estar dentro un avión.

Desde luego, no se trata únicamente de la capacidad que muestren como resultado de su previa formación y de las horas de vuelo acumuladas, sino del estado de salud física y psíquica que cada persona debe mostrar ¿previo a cada vuelo? ¿Diariamente? ¿Semana a semana? ¿Mes a mes? para asumir este tipo de responsabilidades. Según reportes de la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA), las estadísticas indican que durante el año 2014, en este tipo de viajes se presentó una tasa de siniestralidad de un accidente por cada 4.4 millones. Sí, uno entre más de cuatro millones de viajes. ¿Cuántos vuelos se realizaron en todo el mundo el año pasado? 38 millones, nada más. Por ende, transportarse en avión se traduce en la forma más segura de ir de un punto a otro. Claro, cuando suceden estas tragedias, por el número de personas que lamentablemente fallecen; por la multiplicación del intenso dolor que se expande entre los familiares, amigos y compañeros y, por la resonancia transmediática que adquieren, su impacto se magnifica y adquiere mayor notoriedad.

Hay otros actores que estarán tras bambalinas, viviendo tozudas sesiones de «negociación», como resultado de la desequilibrada decisión de Andreas Günter Lubitz. Si Lufthansa logra demostrar que el copiloto fue evaluado y oportunamente notificado de que no debía seguir laborando, tendrá que pagar una máximo de 157 mil dólares por cada víctima. Pero si no es así, es decir, si la línea aérea incurrió en falta –no aplicando los controles respectivos– la suma será mucho mayor y podría alcanzar hasta 250 mil dólares por cada persona fallecida en el accidente. Las aseguradoras que están detrás de una y otra empresa (Lufthansa y Germanwings), así como los abogados de varios parientes que perdieron a sus familiares, estarán en comprensible pugna e interés por dilucidar hasta dónde llegaron los ámbitos de responsabilidad de unos y de otros. Creo que poco se sabrá de ello porque una vez que se despeje la hipótesis principal y se señale a un culpable, los medios dirigirán su atención a otra serie de atrocidades, cuando no de riñas que hacen correr tinta a caudales.

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