Fecha de Publicación: 15/10/2012
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.
Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM
La semana pasada, junto a más de 58 millones de televidentes de los EEUU, fuimos testigos del debate entre Barack Obama y su contrincante republicano a la Casa Blanca, Mitt Romney. Nuestros vecinos, otra vez, nos llevan la delantera en materia de estructura, “forma y fondo” en los intercambios de ideas y posicionamiento para tratar de dirigirse a un país a través de la televisión. Desde el año 1960, en el que se enfrentaron los candidatos Richard Nixon y John F. Kennedy, marcaron un hito en este renglón mediático. El encuentro Obama-Romney, tuvo como escenario a la Universidad de Denver; el intercambio fue moderado por Jim Lehrer, periodista que trascendió el simple pase de micrófono y la vigilancia del tiempo asignado a cada orador, es decir, intervino, enfiló, atemperó, vamos, se condujo como moderador.
La transmisión corrió a cargo de las cadenas CBS, ABC y la NBC. Otras emisoras como CNN dieron cobertura a este primer encuentro entre el ocupante de la Casa Blanca y el suspirante. Un total de 10 millones de breves mensajes viajaron a través del Twitter, formulando algún tipo de pseudo-comentario u opinión. Con base en esta cifra, algunos dijeron que fue el debate más “comentado” de la historia. Yo digo que es un exceso, dadas las limitaciones de los mensajes a través de esta ciber-herramienta participativa.
En este primer round, Romney le lanzó dos rectos de extrema derecha a Obama. El primero fue por la reforma de salud que sacó adelante en 2010. La llamada Obamacare pretende que 97% de la población compre o cuente, mediante la contribución de los empleadores, con un seguro de salud. Se estima que al menos 50 millones de norteamericanos no tiene este tipo de protección (17% de una población total, que pasa los 311 millones de habitantes). El republicano le cuestionó a Obama por los 23 millones de norteamericanos que están desempleados. El segundo golpe estuvo referido a sus propuestas económicas, en tanto –dijo– han estado vapuleando a la clase media. Obama, sin usar sus principales ases bajo la manga, puesto que faltan dos debates (16 y 22 de octubre), atinó a decir que las propuestas de Mitt Romney sólo buscan favorecer a la clase pudiente, a través del sistema de impuestos que propone, pues protege a quienes más dinero tienen. Casi me confundo de país, pues un tratamiento preferencial y cuidadoso a las clases altas, ha sido la tónica en México. Regreso al tema. Obama no se arriesgó. Prefirió mostrar dominio y capacidad argumentativa pero con los circunloquios econométricos que desplegó, se le olvidó que estaba en la televisión; medio que clama un abordaje hiper-simplificado, dirigido a audiencias que disponen de nociones rudimentarias acerca de casi todo. Ya veremos qué sucederá en los dos debates subsecuentes.


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