Fecha de Publicación: 30/04/2012
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.
Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM
En honor a este 30 de abril, muchas familias de nuestro país están de plácemes, tratando de agasajar a sus hijos, con motivo de lo que marca nuestro calendario. Hace unos quince días, los niños de Bolivia, Bélgica y de España, tuvieron su respectiva celebración. En Polonia, Rumania, Bulgaria, Portugal, Nicaragua y Ecuador, eligieron el día 1 de junio. ¿Por qué este día emblemático? En el año 1954, a iniciativa de Naciones Unidas, se instó a que todos los países integrantes, fijaran el día dedicado a recordar la importancia que tiene atender a los infantes. La ONU marcó el 20 de noviembre de cada año, para celebrar el Día del Niño ¿Por qué? Ése día, pero de 1959, fue aprobada la Declaración de los Derechos del Niño. Aunque también veníamos de la transformación cultural surgida con la Revolución Industrial, pues familias y Estado comenzaron a entender que había una etapa de la vida, caracterizada por la vulnerabilidad y la necesidad de protección y atención. Así comenzaría a surgir la infancia.
Aunque la publicidad y el galopante consumo nos lleven a pensar que esta celebración se debe circunscribir a realizar toda serie de compras y obsequios, también podríamos aprovechar este día para revisar cómo van los nenes de nuestro país. Infante, por su raíz latina, significa “no hablante”, por ello, en su nombre y como fiesta, propongo un rápido ejercicio, tomando un segmento de lo publicado por la Asamblea General de la ONU, aquel 20 de noviembre.
Principio 2. “El niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios […] para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente en forma saludable y normal…” ¿Qué tal una mirada a los chiquillos de zonas rurales, urbano-marginales y en asentamientos indígenas? Allá la infancia tiene rostro triste y desesperanzador, punto. Principio 4. “El niño debe gozar de los beneficios de la seguridad social. Tendrá derecho a crecer y desarrollarse en buena salud; con este fin deberán proporcionarse, tanto a él como a su madre, cuidados especiales, incluso atención prenatal y postnatal. El niño tendrá derecho a disfrutar de alimentación, vivienda, recreo y servicios médicos adecuados”. ¿Qué nos dicen nuestras cifras en materia de desempleo y de economía informal? Porque ambos progenitores requieren empleo para dar el beneficio de la seguridad social a sus descendientes; de esa manera podríamos esperar mejor nutrición y desarrollo de los pequeños. Quienes se pronuncian por “defender la vida”, harían bien en mirar las condiciones en que intentan sobrevivir muchas personas, entre ellos, los pequeños. Las cifras son contundentes: pasamos de 48.8 millones de pobres a 52 millones, de 2008 a 2010. ¡Nada más cerca de la mitad de población mexicana! Principio 7. “El niño tiene derecho a recibir educación, que será gratuita y obligatoria […] Se le dará una educación que favorezca su cultura general y le permita […] desarrollar sus aptitudes…” ¿Y qué tal salen nuestros hijos en la Prueba ENLACE? Porque los infantes merecen algo mejor para celebrar su día, todos tenemos mucho qué hacer.


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