Fecha de Publicación: 09/01/2012
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.
Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM
Este 2012, México, Venezuela, Estados Unidos de Norteamérica, Senegal, República del Congo, Sierra Leona, Mali, Kenia, Francia, Corea del Sur, Finlandia, la India, Albania, entre otros más, vivirán elecciones presidenciales y parlamentarias. El tema nutrirá segmentos mediáticos y digitales. Se producirá un alud de megabytes en lo político-electoral. La información viajará y, si tiene alta resonancia para la ciudadanía, rebotará desde Internet hacia los medios de comunicación convencionales para su piadoso tratamiento. Una porción del quehacer político-electoral de partidos y candidatos tendrá visibilidad a través de sitios electrónicos y herramientas como: Twitter, Facebook, Orkut, –equivalente a Facebook, pero se utiliza en la India y Brasil. Si no pasa otra cosa mayor, tendremos como “dieta” cotidiana nuestra ración de lo electoral.
Para nuestro caso, si vamos a pagar con nuestros impuestos, por lo menos esperamos que partidos, candidatos y candidatas a los distintos cargos que buscarán el voto de la ciudadanía traten de hacer propuestas para atender los temas de mayor preocupación para todos.
La inseguridad pública y el combate al narcotráfico seguirán llamando poderosamente la atención, debido a las implicaciones que tiene para cualquier persona. Pero no debe escapar el hecho de que estos problemas afectan la inversión extranjera y la nacional; el desarrollo turístico; la industria inmobiliaria; el uso del suelo, el sector bancario, entre muchos otros. Por ello, los pronunciamientos de quienes aspiran a Los Pinos, no deberían caer en el simplismo de fórmulas como: “Combate a…”. En ello, la mayoría estaría de acuerdo. Como en muchos otros aspectos, lo que importa son los cómo; cobra relevancia los con qué y, desde luego, estipular cuáles tendrían que ser los indicadores a evaluar, para que la ciudadanía y otros sectores organizados de la sociedad –y no sólo el punto de vista de los gobernantes o de los medios de comunicación privada—fuesen los que dictaran sentencia acerca del estado que guarda el tema en cuestión.
A pesar de lo complejo de la inseguridad pública y el combate a la delincuencia, no pueden verse de manera separados de otros asuntos de la vida social. Muchos científicos han señalado, casi hasta el cansancio, que el crecimiento en los índices de inseguridad y la alta penetración del narcomenudeo, también son derivación de la desigualdad social, la marginación y la pobreza; de una educación de baja calidad que no ha sido capaz de formar a sus educandos para una vida buena; de un creciente desempleo; de la corrupción, en suma, de una desesperanza que se acrecienta y que parece estar enquistada en el galopante consumismo que lleva a muchos a delinquir, con tal de tener –aquí y ahora—todo aquello que el mercado les propone para ser felices. En los días por venir, veremos si las propuestas hacia la ciudadanía mejoran y si comenzamos a escuchar propuestas sólidas y viables.


Dejanos tus comentarios