
Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM
Los flujos migratorios de nosotros, como especie humana, no se han detenido desde que nuestros antepasados comenzamos a cubrir el planeta. De ahí que humano, proceda de humus, es decir, capa superior que cubre la tierra. Lo que sí ha ocurrido es que los agentes detonadores se han diversificado y reactivado aceleradamente. En general, la búsqueda de un mejor territorio, ante la escasez de alimentos o por condiciones climáticas severas, han sido las causas más longevas a lo largo de la historia de las migraciones. Le han seguido las guerras, las epidemias, los gobiernos autoritarios (militares), la propagación de la delincuencia y del crimen organizado. Recientemente y de manera cada día más constante, la búsqueda de empleo y de mejores salarios han sido los detonadores para que las personas busquen salir de sus espacios de origen. Desde luego, en muchas oleadas que presenta este fenómeno se han combinado varias causales.
En la transición punto de origen a destino, especialmente cuando por distintas circunstancias se viaja sin los documentos legales que pide el país receptor, se viven diversas condiciones de vulnerabilidad, peligro y, en no pocos casos, el desenlace para los y las migrantes que emprenden este desafío puede resultar fatal. Cada día se registran amplios grupos de personas que viajan fuera de los cauces migratorios legales estipulados por el país destinatario. Esta primera circunstancia estructural que tienen crecidos grupos de indocumentados, abre muchas puertas y subterráneos senderos que conducen al sufrimiento, cuando no a nuevas formas de explotación y de esclavitud.
Recientes investigaciones muestran que la migración, más que un proceso de traslado de un lugar a otro en tiempo y espacio, significa ingresar e interactuar involuntariamente dentro de una compleja y oscura red formada por personas, grupos, instituciones, organizaciones, leyes, sistemas de chantaje, corrupción, explotación, violencia y tráfico de diversa índole, que sitúan en alta vulnerabilidad a quienes por distintas razones buscan trasladarse de un sitio a otro. La peor parte la llevan niñas, mujeres, niños, los(as) indígenas y, también las personas de color. Los hirientes casos de explotación sexual, violaciones, deportaciones y vejaciones de las que son objeto muchas mujeres que viajan sin documentos de un punto a otro, constituyen una agenda de la más alta prioridad para el mundo.


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