Fecha de Publicación: 11/03/2013
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.
Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM
Hay semanas en que los acontecimientos que ocupan espacio por obra de los noticiarios, parecen amontonarse; se arremolinan y amenazan con no dejarnos ver aquello que es fundamental en nuestras vidas o en las del país.
El mundo de los católicos, apostólicos y romanos sigue sin Papa. Benedicto XVI, sin previo aviso, les dejó el cargo; se protegió y tomó decisiones de peso que más adelante saldrán a la luz. Renunció a seguir destrabando una agenda compleja como la pederastia, el fortalecimiento de la fe que defiende el Vaticano y la imparable fuga hacia el escepticismo, el protestantismo o bien hacia una difusa gama de propuestas espirituales que nada tienen que ver con el pecado ni con la culpa. A partir de mañana martes, los 115 cardenales se darán a la tarea de elegir al nuevo sucesor de Pedro, pero desde hoy lunes, comenzarán las presiones de unos y otros grupos de las regiones donde tiene asentamientos la religión católica. La “fumata” que podría salir el mismo martes nos dejará claro qué grupo se quedó con el poder terrenal y con las arcas que domingo a domingo llenan los creyentes.
Ya que hablamos de poder y dinero, por cuarto año consecutivo Carlos Slim Helú –megaempresario multisectorial—volvió a ocupar el primer lugar entre los multimillonarios del mundo. En los años por venir, Slim tratará de seguir en ese sitio. Para ello, tratará de ver cómo la iniciativa de reforma en materia de telecomunicaciones y radiodifusión le podría beneficiar, aunque tiene como contrincantes al duopolio Televisa-TV Azteca. Mientras tres grupos empresariales estarán en la lucha, casi el 80% de los hogares en México no tiene acceso a internet.
Quien hasta hace unos días era el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, fue vencido por el cáncer. A su funeral asistieron más de 30 jefes de Estado. La permanente y tozuda labor de los medios convencionales y digitales, unida a profundos intereses político-económicos, labraron una imagen de Hugo Chávez, muy bien esculpida (y ganada a pulso por él mismo) a fuerza de dislates, imprudencias, filopoder, populismo y demagogia. Un análisis más reposado y objetivo podría sobrevenir, para evaluar las políticas públicas aplicadas en Venezuela durante estos últimos 13 años que Chávez estuvo en el poder. Claro, habría que hacer el análisis a la luz de indicadores como el Índice Desarrollo Humano (IDH), con base en el Coeficiente de GINI (mide la desigualdad en el ingreso) y, por qué no, desde la óptica que proponen otros modelos de desarrollo alternativo. Eso podría suceder o no, según gane las elecciones del próximo 14 de abril, Nicolás Maduro (Chavista) o Henrique Capriles (coalición opositor) si es que éste último decide participar en la contienda. La triada persiste: Poder, dinero y elecciones.


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