Fecha de Publicación: 29/10/2012
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.
Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM
La cuenta regresiva comienza para Barack Obama y Mitt Romney. El primero quiere convencer a los electores para mantenerse en la Casa Blanca por un periodo más. El segundo, acaricia el sueño de llegar a la presidencia de los EEUU. Faltan unos días para el 6 de noviembre. Uno de los dos vivirá la jornada electoral como un fatídico “martes negro”.
Como en toda contienda electoral, cada candidato y partido(s) dispone de un número de votantes inamovibles; aquellos que votarán por convicción ideológica y por la tozudez de su pensamiento. De ahí que se le conozca como “voto duro”. En yuxtaposición o pegaditos al voto duro, están los militantes, los activistas que tienen sobrados intereses para tratar de llegar o mantenerse en el poder. El número de votos que aportan, junto con los del voto fijo, constituyen el bastión (la fuerza) del partido-candidato.
Hay otro grupo de votantes que emite su respectivo sufragio por conveniencia (son clientes) del partido y estarán con el candidato o candidata, sea quien sea. Este segmento, por su condición, tiene cierta volatilidad; especialmente cuando otro partido-candidato gana la contienda. Entonces son capaces de operar como tránsfugas y se convierten en nuevos clientes. En los países en los que votar no es obligatorio, pre-existe un considerable segmento de ciudadanos que no votan; en su espectro de intereses está ausente la temática político-electoral; desconfían de los políticos y de los partidos; no votan ni acudirán a las urnas ahora ni en la otra vida. Un pequeño pero significativo segmento de sufragantes decide por quién cruzará la boleta en función de aquellas ideas o personajes políticos cuyo programa u oferta política genuinamente les convenza. No tienen decidido su voto de una vez ni para siempre, sea porque vivirán por primera ocasión la experiencia de votar y/o porque tratan de alinear sus pensamientos con su voluntad en la urna. Constituye el voto de los indecisos. Se sabe que a estos últimos está dirigida la mayor parte de la campaña, del marketing político. En otras palabras, se trabaja y gasta mucho, para unos cuantos.
Las elecciones estadounidenses están basadas en un sistema de voto indirecto y ponderado, según el tamaño de la población de cada estado. El total de votos disponibles suman 538. Gana el candidato que logre 270 votos electorales. Hasta hoy, los pronósticos dan a Barack Obama 240 votos, mientras que Romney se perfila con 200. Ambos candidatos cerrarán su campaña para tratar de llevar a su contabilidad a los indecisos. Se trata de 6 votos procedentes de Nevada; 9 de Colorado; 10 de Wisconsin; 6 de Iowa; 18 de Ohio; 4 de New Hampshire; 13 de Virginia y, 29 de Florida. Si la tendencia es confiable, a Barack Obama le bastaría ganar la Florida y cualquier otro estado. Ya veremos.


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