Fecha de Publicación: 10/08/2015
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.
Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM
Así tituló uno de sus libros el prolífico sociólogo y filósofo de la ciencia José Luis Trueba Lara; experto en asuntos sobre poder en México. Trueba apuntó “La farsa ya es una realidad cotidiana; la estupidez marca los días de la mayoría de la población”. Yo agregaría que… farsa, injusticia, delincuencia, ceguera y las consecuencias de la estupidez humana, empapan nuestra breve existencia.
Viene a cuento por el aterrador episodio que vivió nuestro egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAEM. Como muchos(as) quizá se enteraron, se trató de Óscar Álvaro Montes de Oca. Un joven recientemente titulado de la Licenciatura en Sociología. Reconocido con honores por su trabajo para coronar su formación profesional; pronto se ganó un sitio en la Máxima Casa de Estudios. Forma parte de un selecto grupo que tiene empleo. Cuando estudiante, sobresalió por su alto aprovechamiento escolar; fue representante alumno ante el Consejo Universitario. Se ganó la oportunidad para cursar parte de sus estudios en una universidad de Argentina. Realizó una estancia en la Universidad del Norte de Texas, con quien la UAEM tiene un profundo vínculo académico y de investigación.
Oscar Montes de Oca, el estudiante. Oscar el ponente en encuentros y congresos nacionales para el campo de la sociología. Oscar, el joven comprometido con su tiempo. Oscar el hijo, el hermano, el primo, el amigo, el colega. Una vida productiva que despunta y que sin duda florece de la cultura del esfuerzo.
Oscar Álvaro, el de la vida cargada de ilusiones, de proyectos. Oscar el que dirigió sus vacaciones veraniegas para visitar a quienes fueron sus compañeros y amigos de banca en aquella universidad conosureña. Regresaba por la aerolínea Aviacsa, el pasado 31 de julio. Él estaba pleno y alegre; nutrido de lazos de amistad; no contaba con la tiranía de la estupidez –ni tenía por qué—. Tampoco se imaginaba que a él (como a cualquier persona de bien) le podían alcanzar, para lastimarlo de manera indeleble, los tentáculos del crimen y la delincuencia organizada. Menos vislumbraba que unos agentes federales, colocados en el aeropuerto de la Ciudad de México, ávidos de protagonismo y forjados con tozuda miopía, le incriminaran de un delito inexistente. La justicia y la transparencia se impusieron.
Desde el primer minuto lo advirtió el rector Jorge Olvera García. ¡Oscar es (y era) inocente! ¡Presunción de inocencia…! recordó Olvera García. Así fue. Pero ¿quiénes le devolverán la tranquilidad a Óscar y sus familiares? Le raparon en el penal Federal de Tepic, Nayarit. Su cabello volverá a crecer. Es un joven sano, fuerte, capaz. Abrigo esperanzas de que saltará este umbrío episodio. Pero hay culpables que no pagarán, cual tiranía de la estupidez.


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