Fecha de Publicación: 09/07/2012
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.
Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM
El pasado mes de junio, vivimos el cierre de las campañas electorales y le dimos cauce a la jornada para la votación del 1 de julio. Estos dos sucesos eclipsaron de manera clara una de las expresiones sociales que poco a poco han ganado terreno en varios puntos del país, aunque de manera más notable en el Distrito Federal. Me refiero a la Marcha número 34 Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Transgénero, Travesti e Intersexual (LGBTTTI). El lema con que identificaron dicha manifestación fue “Educación formal de la sexualidad ¡Ya! A todos los niveles”.
Estas demostraciones públicas acerca de otras orientaciones sexuales, no sólo están relacionadas con la necesidad de hacer visibles formas de existencia que están fuera de la hetero-normatividad. También tienen que ver con batallas en diversos frentes. Algunos son:
1). Se trata de colocarse frente al mundo heterosexual –que históricamente se ha ostentado como manantial de normalidad y de buenas maneras– mientras que se etiquetan otras formas de vínculo sexo-amoroso (entre personas adultas) en la anormalidad o en la enfermedad. Por ende, se lucha para que la sociedad, el Estado laico, las familias y el sistema educativo, incorporen permanentemente los avances de la genética, la biología, la sexología, la antropología, la sociología, la psiquiatría, la psicología, la comunicación y la historia, para comprender que la orientación sexual no se elige; es de origen multifactorial y, que se descubre.
2). Pugnan por el derecho a constituir una pareja (matrimonio civil) con las prerrogativas y responsabilidades que están apuntadas para y por el mundo heterosexual. Se trata de ser iguales ante las Leyes.
3). Algunas parejas luchan por el derecho a tener hijos en adopción.
4). Un amplio segmento señala que son o han sido objeto de discriminación laboral, médica y/o social.
5). Otros más han subrayado la necesidad de investigar con rigor e interés científico-técnico algunos asesinatos que se clasifican como “crímenes pasionales”, cuando se puede tratar de uno de los nocivos efectos de la homofobia y del machismo. Hay más asuntos en su agenda, pero estos son algunos de sus pilares.
Si bien cada mes de junio en México y en otras partes del mundo se manifiestan públicamente para recordar los disturbios de 1969 en el Bar Stonewall Inn de Nueva York, nos equivocaríamos si creemos que el movimiento LGBTTTI transita por un sendero. Si bien lidian porque su orientación sexual no sea factor de discriminación, cada subgrupo y cada ser humano libra su batalla en lo familiar, lo social, lo cultural y consigo mismo. Esa lucha existencial, más la agenda colectiva, es la que cada persona ha de intentar ganar. En este desafío y en sus resultados, todos los librepensadores tenemos algo que ver.


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