La ceguera de Yishay Shlizer

Fecha de Publicación: 03/08/2015
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.

Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM

Hace unos cuantos días uno de los judíos ultraortodoxos, Yishay Shlizer, volvió a la cargada al apuñalar a seis personas que –junto con un amplio grupo—formaban parte de la marcha del Orgullo Gay, misma que se lleva a cabo en Jerusalén. Este suceso fue una muestra más de lo que a lo largo de siglos han generado las religiones. Gracias a estas creencias, especialmente las de corte monoteísta, se han cometido un sinfín de calamidades en muchos confines de este planeta. He aquí otra lamentable muestra de la mayor parte de creencias de este corte.

El señor Shlizer se ha adjudicado como máxima misión, acabar con el llamado “pecado nefando”. Años atrás, este individuo hirió a otras personas que expresaban públicamente su orientación sexual –como de hecho lo hacemos los demás heterosexuales: exhibimos nuestra orientación erótico-amorosa de manera pública o privada—y como consecuencia de tales agresiones, Yishay fue enviado a prisión por diez años. Cumplida su condena, al salir de la celda (por cierto, sin tener que cavar ningún túnel con alta tecnología), volvió a las andadas y se enfiló para intentar matar a cuanto gay le pasara delante. Ceguera, miopía y necedad, hijas consanguíneas de la gran mayoría de creencias religiosas.

Más allá del terrible daño que esta persona reincidente provocó a seis individuos que nada tenían que ver con él, cegada por sus obtusas convicciones, se vuelve a poner de relieve que la ciencia tiene mucho que vencer ante murallas ideológicas, políticas y religiosas. No basta con el hecho de que ya se haya demostrado que los humanos trazamos un continuum en materia de orientación y preferencias sexuales. Tampoco es suficiente con el hecho de que se haya puesto en claro que en la orientación amatoria se conjugan un total de ocho amplios y complejos factores que la predeterminan. Menos parece pesar el hecho de que las ciencias biomédicas hayan puesto en palmaria evidencia que la orientación sexual no se elige; se descubre. Y todavía menos peso tiene –independientemente de lo mucho que se ha escrito o publicitado en el seno de las Naciones Unidades—que todos los seres humanos tenemos derecho a la felicidad y al placer; es decir, a vivir y a amar (en tanto personas adultas) a quien nos venga en gana.

Jerusalén está considerada como “ciudad santa” ¿Quiénes la han considerado con tal epíteto? Las tres religiones monoteístas: ¡El Judaísmo, el Cristianismo y el Islam! ¿Si ello ocurre en pleno centro de este sagrado lugar del planeta, qué puede suceder en otras latitudes? Los tres monoteísmos aludidos han mantenido su estúpida convicción de que la homosexualidad es un pecado y, contranatural. Como se puede ver, la ciencia y las personas de librepensadoras tenemos mucho camino por andar. Abonaré.

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