Fecha de Publicación: 07/10/2013
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.
Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM
El pasado sábado estuve charlando con algunas madres y padres de familia cuyos hijos e hijas bordan entre los 11 y 13 años de edad. Vamos, nada menos que la primera juventud; lapso inicial de lo que será una extendida y casi eterna primavera. Bueno, el caso es que las madres comentaban con preocupación cómo se estaban presentando comportamientos prematuros en sus hijas e hijos. Decían que en estos tiempos las relaciones de noviazgo brotaban con gran fuerza, apenas habían ingresado a la secundaria. Otras madres asintieron pero aseguraron que no era el caso de sus adorables hijas. –Dije para mis adentros, cada quien mira donde quiere y, desde luego, lo que desea ver como realidad.
Es cierto que algunas de las madres y uno que otro padre reconocieron que también en ellos comenzó a despertar el interés por el sexo complementario en aquella etapa de tu temprana vida. Pero la principal preocupación, dijeron, era lo que ahora se estila en el noviazgo: “De todo…”, espetaron algunas, amueblando la charla con ojos al tamaño de un plato.
¿Qué hacer, decían algunas de ellas? ¿Permitirlo o no? ¿Reprobarlo, sabiendo que de todas maneras nuestros hijos e hijas vivirán como se les venga en gana? ¿Fingir que se desconocen tales piruetas emotivas y/o eróticas? Nada sencillo pretender respuestas que a todos satisfagan o que pongan a salvo las conciencias puritanas, libertarias, sostenibles o anárquicas. Un farragoso asunto que exige complicadas capacidades, habilidades y aptitudes para el verbo: ser madre y/o ser padre.
Para levantar un poco la mirada, agrego una apostilla que nos permita pensar en el fenómeno de la precocidad erótico-amorosa, antes de actuar desde las nuevas juventudes y desde las actuales pero diferentes trincheras de la paternidad o de la maternidad.
¿Cómo no se van a dar comportamientos erotizados en etapas más tempranas de la vida, cuando todo cuanto gravita en el entorno mediático y en la red de redes, desfoga dosis de sexo, de flirteo, de encuentros ocasionales, de ráfagas pasionales, de seducción ardiente, de diversión y de placer a toda costa, sin tiempo para pensar en alguna consecuencia? Mi perspectiva es que al capitalismo no hay quien lo colme; tiene sed insaciable de lucro. La sobrestimulación de imágenes erotizadas ha dado frutos. Han convertido a quienes transitan de los 10 a los 19 años de vida, en consumidores cuyo deseo es experimentar ya, episodios para los que se requiere mayor desarrollo existencial y social. Ser precoz, es la tónica.
¿Qué hacer? Conversar a fondo ante el menor pre-texto. Hablar de la vida, de su riqueza, de su potencial pero también de su fragilidad. Charlar, con la fuerza de nuestras convicciones. Hundirnos en temas como la amistad y, desde luego, en las cualidades del amor, con todas sus etapas.


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