Simone de Beauvoir

Fecha de Publicación: 17/04/2017

Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.

Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM

El pasado 14 de abril algunas personas recordaron el deceso de la filósofa Simone Lucíe Ernestine Marie Bertrand de Beauvoir, ocurrido en esa fecha, pero de 1986. Su existencia la dedicó a leer, a escribir incansablemente y debatir, aderezando sus cenáculos con pan y vino, como debe ser. Los restos de esta rigurosa pensadora, profesora de la Sorbona y feministas por convicción, descansan al lado de quien fuera su pareja en unión abiertísima, el existencialista Jean-Paul Sartre. Yacen juntos en una tumba del cementerio de Montparnasse, en París.

Quienes identifican a la autora, de perspectiva transdisciplinaria, colaboradora de la revista que dirigía Sartre, Les Temps Modernes, quizá la tienen presente por haber escrito El Segundo Sexo, un extendido ensayo que, publicado en 1949, la colocó para siempre como una de las pensadoras enfocadas al tema de la libertad y la igualdad de las mujeres; quienes –como ella apuntaría– no nacen, llegan a serlo a fuerza de los imperativos culturales que cada época imprime.

En una época como la nuestra, en la que se consulta mucho en la Universidad Wiki y en los sitios que arroja el Google, pero se leen muy pocas obras y se profundiza escasamente o, si se puede, nada; se torna recurrente –con toque engolado—citar El Segundo Sexo, pegadito al de Simone de Beauvoir. Pocos identifican sus primeros textos, antes de 1949. Por ejemplo: La invitada (1943), Las bocas inútiles (1945), el Existencialismo y la sabiduría popular (1948), entre otros. Luego, escasamente se tiene presente que esta prosista y voraz lectora ganó, con la novela Los mandarines (1954), nada menos que el Premio Goncourt, el galardón más importante de Francia; fue instituido en el año 1903 en memoria de Edmond Hout de Goncourt (1822-1896) así como de su inseparable hermano Jules. Fue puesto en marcha por la Academia que lleva el apellido de Edmond y Jules.

Otros ensayos y cuentos de Simone de Beauvoir a los que habría que hincarle el diente lector son: Una muerte muy dulce (1964), La Mujer Rota (1968), La Vejez (1970) y, por supuesto, nada como bucear en: La ceremonia del adiós (1981). Ella rehusó al matrimonio y a la maternidad. Siguiendo a Daniéle Sallevane, al morir, de Beauvoir se fue a morar entre los libros y pensamientos que nos legó. Por ende, ella está con nosotros.

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