Fecha de Publicación: 20/08/2012
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.
Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM
En nuestra entidad, aunque faltan algunos meses, ya se alistan los nuevos presidentes y presidentas municipales, pues habrán de entrar en funciones para coordinar los esfuerzos en las demarcaciones geopolíticas que ganaron el pasado 1 de julio.
Habrá quienes estarán atentos a los planes de desarrollo para ver qué se propone lograr en el trienio. Pero en un sistema democrático, se espera que la ciudadanía tenga conciencia de que la participación es un elemento axial para el desarrollo. La solución o la reducción de algunos problemas están relacionados con nuestros hábitos y formas de consumo. Van tres ejemplos.
1). Lamentablemente hacemos gala de un abanico de prácticas que contaminan y desperdician el segundo alimento de nuestra especie: el agua –-el primero es el oxigeno. Quizá porque vemos correr el agua en nuestros grifos, nos parece impensable que se trate de un líquido cada vez más limitado y costoso. Muchos especialistas han advertido que en pocos años, la gran batalla a escala mundial será por el acceso a este (des)preciado líquido. No existe mano mágica ni supra-lunar que aún con su infinito poder logre impedir esta tendencia. Sólo nosotros, desde lo local, podemos revertir el proceso.
2). Podríamos generar menos basura; aparte de separar los desechos, debemos evitar recibir todo en bolsas de plástico. En países preocupados por el daño ambiental, la población designa un recipiente personal para consumir cotidianamente sus bebidas (agua, café o té). También suelen llevar una bolsa cuando salen de compras; con ello, reducen drásticamente la irracional generación de basura.
3). Desplegar en los hogares pequeñas pero significativas prácticas cotidianas son de gran relevancia medioambiental y económica. Desconectar todo aparato tecnológico que no se vaya a usar inmediatamente, como hornos de microondas, computadoras, televisores, micro-componentes, dispositivos de videojuegos y lámparas de habitaciones que sólo usamos en determinados momentos del día, evita el desperdicio de la energía eléctrica y contribuye a la reducción del gasto familiar.
La ciudadanía está habituada al vetusto esquema paternalista en el que se espera demasiado de gobernantes y legisladores; especialmente de los que van a estrenar el cargo. Consecuentemente, apenas amanece en la gestión, cuando ven que sus expectativas eran altas y los resultados parvos. No parece quedar claro que, entre tanto, día a día, cada uno de nosotros (multiplicados por cientos de miles o por millones) podemos contribuir con nuestras acciones y con mejores hábitos, a encarar tres problemas trascendentales para todos: agua, electricidad y menos basura. Si coincidimos, lo que sigue es la acción para la transformación.


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