Fecha de Publicación: 11/08/2014
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.
Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM
Antes de que concluya este mes se lanzará la Campaña de Alfabetización y Atención al Rezago Educativo (en primaria y secundaria) que emprende el gobierno federal, con el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) a la cabeza. Según datos oficiales, en México existen 5.4 millones de personas mayores de 15 años, en condición de analfabetismo. La mayor parte de la población analfabeta (3.3 millones) son mujeres, es decir poco más del 60% del total. Una evidencia más del machismo que galopa por las estepas de nuestro mosaico cultural. El detalle de esta cifra y condición es que una de cada tres mujeres indígenas no sabe leer ni escribir, en tanto que una de cada 16 mujeres hispanohablantes mestizas, está afectada por dicha condición. Un componente adicional es que el 70% de la población que no ha desarrollado la lecto-escritura no percibe ingresos o, cuando los tiene, ni siquiera alcanza dos salarios mínimos. Este impedimento para conocer el mundo a través de las letras y de la escritura, se halla doblemente sellado por la condición de pobreza o de pobreza extrema.
Las entidades que más población analfabeta concentran, son: Chiapas, Veracruz, Oaxaca, Guerrero, Puebla, Guanajuato y Michoacán. Una de las dificultades que encara el INEA ante del desafío de lograr avances que se pueden apreciar o aplaudir es que una significativa proporción son indígenas y necesitan recibir un sistema de enseñanza en su propia lengua, a fin de intentar que se conviertan en hispanohablantes. Por lo tanto, el personal que alfabetiza a los grupos indígenas tiene que tener la condición bilingüe y, preferentemente debe formar parte de la comunidad a la que intenta llegar. Estrictamente tendrían que contabilizarse un total de 8.8 millones de iletrados puesto que, añadido a la cifra oficial, 3.4 millones de personas mayores de 15 años, escasamente concluyeron el segundo grado de primaria. Cuando únicamente se alcanza dicha escolaridad, al paso del tiempo, la lecto-escritura se pierde.
Otro reto que enfrenta el INEA desde sus inicios es que hay grupos etarios mayores a 50 años de edad. A partir de esa frontera temporal, la visión, la audición y la coordinación motriz van constantemente a la baja y limitan para poder incursionar en la lecto-escritura como aprendiz. Si agregamos la pobreza, el hambre, así como la diabetes, el sobrepeso o la desnutrición, se hace un verdadero nudo gordiano para tratar de convencer a los adultos mayores para que por fin se instruyan. En los últimos 32 años se alfabetizaron a un millón 720 mil personas. La meta del presidente Enrique Peña Nieto es alfabetizar a 2.2 millones, es decir, hacer en seis años mucho más de lo alcanzado en tres décadas. Sin duda, un reto complejo y considerable. Veremos.


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