Fecha de Publicación: 11/02/2013
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.
Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM
En tres días más, estaremos dando rienda suelta a nuestros bolsillos, a fin de rendir tributo –mediante obsequios y reuniones– a una parte de la red de afectos que gravitan en nuestras existencias. El 14 de febrero, un día más que ha sido marcado por el capitalismo y el modelo neoliberal, para ordenarnos que ha llegado el momento de recrear el ritual que nos recuerda que tenemos (o que deseamos) la gracia del amor y de la amistad ¿Cómo se festejan estas dos virtudes? Como lo dictan los imperios siameses, es decir, la industria y la mercadotecnia, comprando, obsequiando y consumiendo astillas de felicidad.
Que cómo va la relación amorosa con la pareja; que cuánto cultivamos a nuestras amistades. Eso no importa. Lo que se nos ordena en el calendario cívico-religioso-empresarial y mediatizado, es ser inmensamente felices dentro de tres días. En caso de desobediencia, entonces, la tristeza acampará en nuestra vida por un buen rato y los empresarios despotricarán contra sus estrategas por no haber alcanzado las metas de ventas y consumo esperadas.
El capitalismo, es voraz e insaciable. Como todo sistema, aprovecha la herencia sociocultural en la que se asienta. Demos un paseo por las fechas que ha marcado, prácticamente con el propósito de que las personas nos convirtamos en consumidores a lo largo del año. Día de reyes, el 6 de enero. Día del amor y la amistad, este 14 de febrero. El día internacional de la mujer, cada 8 de marzo. El 30 de abril, para ovacionar a niños y niñas. El equinoccio de Primavera, cada 21 de marzo, junto con el natalicio de Benito Juárez. El emblemático día de la madre, marcado en México, cada 10 de mayo. Pegadita a esta festividad, desde el año 1917, quedó marcado el día 15 del mismo mes de mayo, para festejar el día de los maestros y maestras. Por su parte, Naciones Unidas instituyó, en 1993, el mismo día 15 para señalarlo como Día Internacional de la Familia (heterosexual). También quedó, El tercer domingo de junio, para homenajear a los padres. Cómo dejar pasar el mes de julio, así como así, sin ningún buen pretexto para gastar. Para ello, desde 1960 se instituyó el día de la secretaria, para elogiarlas cada tercer miércoles de julio. El 28 de agosto, para halagar a los abuelos y abuelas. Septiembre, emblemático, quedó apartado con el día de la Independencia nacional (15-16) de ese mes. El día de la raza y dedicado también al descubrimiento o invención de América, el 12 de octubre. Cómo dejar pasar cada 31 de octubre, dedicado a la celebración importada de la llamada noche de brujas (Hallowen) y, desde luego, expandida en México, América Latina y otros países, por nuestros vecinos del norte (EEUU). Ellos mismos integraron este festividad, procedente de los rituales celtas y aportados por irlandeses que migraron hacia tierras norteamericanas. Al amanecer del mes de noviembre, el 1º para el día de todos los santos y el día 2, para que los vivos recordemos a nuestros muertos. Y, para cerrar con broche de oro consumista, fraterno y amoroso, dado que en algunos casos, flota más dinero que de costumbre, varios días señalados: 12 de diciembre (Virgen de Guadalupe); 16 al 23, para posadas; 24, noche buena; 25, navidad; 28, Santos inocentes. Día 31, para fin de año consumista.
Por si ello fuese poco, el nuevo turbo-capitalismo aprovecha las coordenadas de altitud y latitud en las que están las distintas regiones y países para articular la entrada, salida y consecuentes “promociones” de mercancías y servicios que se enquistan en primavera, verano, otoño e invierno. Pero no sólo ello, sino que cuando existe sobreproducción y se aletarga la velocidad esperada en el consumo, entonces cada periodo meteorológico se acorta por obra y gracia de los mega-empresarios globales. Así, los grandes almacenes y tiendas suelen estar anunciando ventas y rebajas de Otoño cuando apenas estamos disfrutando los primeros paseos veraniegos; todo con tal de vender aquello que urge colocar en las manos de los consumidores poco o nada cautos con sus economías personales o domésticas. Todo, previsto y marcado para amar, celebrar y gastar. Si no, qué chiste.


Dejanos tus comentarios