Bullying escolar: Cifras y mentiras

Fecha de Publicación: 16/04/2012
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.

Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM

Cuando uno chico molesta o agrede a un compañero en la escuela, se habla de Bullying. Término holandés que aludía al acoso. Poco a poco se fue desarrollando este concepto  y ahora se define como una situación interaccional en la que existe desequilibrio de fuerzas y, desde allí, se genera algún tipo de agresión o acoso. Así, la persona más fuerte violenta o intimida al débil. Estas agresiones pueden ser de tipo verbal, física, sexual, psicológica y/o social.

En años recientes este fenómeno ha cobrado relevancia en el sector educativo. Según los especialistas, uno de cada cuatro estudiantes en América Latina experimenta algún tipo de temor hacia uno o más de sus compañeros. Dicha condición se agrava cuando los educandos llegan a la adolescencia, pues uno de cada tres escolares vive bullying. En México, todavía no existen estadísticas confiables a escala nacional. Los esfuerzos para diagnosticar el problema apenas comienzan, aunque están concentrados en algunas ciudades del país. Según el Instituto de Innovación Educativa y Desarrollo Directivo, se estima que 14% de los colegiales desde primaria hasta bachillerato, han sido víctimas de este tipo de violencia y, para el caso de las mujeres, la cifra es de 10%.

¿Se trata de un  problema que requiere atención de toda la sociedad, especialmente de profesores, padres y madres de familia, autoridades educativas, legisladores y, de los propios estudiantes? Sin ninguna duda. Lo que llama la atención es que en algunas ocasiones se pretenda hacer creer que si todos trabajamos para reducir o erradicar el bullying escolar, la calidad educativa mejorará. Piensan que si este fenómeno va a la baja, entonces el indigno aprovechamiento escolar en español, matemáticas y otras áreas más, así como la deserción y el rezago educativo desaparecerán por arte de magia. ¡Qué mentira!

La calidad de nuestro sistema educativo va a dejar de darnos pena en la prueba ENLACE y en el informe PISA, cuando: 1). Los profesores dominen lo que pretenden enseñar y sepan cómo trabajar con sus estudiantes para que  éstos asimilen e integren la información a su vida; 2). Los padres o madres de familia, tengan condiciones estructurales (socioeconómicas) y personales para estar cerca de sus vástagos, a fin de brindarles apoyo complementario, especialmente durante la educación básica y media; 3). Los chicos que asisten a las aulas gocen de una buena nutrición y, por lo menos en sus escuelas, existan amplios centros de información y puntos de acceso al conocimiento científico, técnico y humanístico; 4). Los estudiantes de todos los niveles educativos comprendan que, únicamente mediante el trabajo, el esfuerzo permanente, la lectura y la conversación, se puede aspirar a aprender; 5). Cuando los gobernantes, alejados de la bazofia sindical que comanda su inefable lideresa nacional, mejoren las condiciones estructurales en las que laboran los profesores y, 6). Se cuide el remplazo de docentes, a fin de contar con una nueva generación de educadores que entienda que su tarea es preparar a las nuevas generaciones que requiere este país.

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