Fecha de Publicación: 09/06/2014
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.
Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM
El próximo jueves 12 de este mes dará inicio el mundial de futbol. Como sabe todo buen aficionado que se precie de ser un seguidor de este popular deporte, el primer encuentro lo escenificarán la selección de Brasil –sede de la amplia justa deportiva– contra Croacia. El viernes participa la “glorificada” selección mexicana, contra Camerún. Sucesivamente tendremos una dieta de futbol televisado, futbol, futbol, futbol y más futbol, hasta que el día 13 de julio, por fin sea transmitido el partido final de este deporte que arrastra a las masas. Un total de 32 selecciones tomarán parte en la XX Copa Mundial. El gobierno del Brasil mejoró, remozó, modernizó y gastó a manos llenas para disponer de un total de 12 estadios que darán cauce a los 64 encuentros programados. Los estadios de Brasilia y Río de Janeiro concentrarán el mayor número de partidos (siete cada uno). Desde luego, la gran final será en el ambiente más festivo de todo país: el Estadio Maracaná de Río.
Muchos aficionados de diversos países han hecho inversiones o se habrán endeudado con tal de relatar en sus memorias que fueron testigos de unos cuantos partidos o de toda la justa que la FIFA organiza para este mundial. Ya se ha registrado derrama económica para algunos sectores sociales de los países representados en este mundial deportivo y, para otros, las cosas seguirán igual o peor, si están fuera del radio de acción de lo que genera la industria cultural del futbol soccer. Sin duda, los que verán crecer sus cuentas bancarias serán los dueños de los medios de comunicación y la gran cantidad de anunciantes que lograron espacio durante la barra programática que transmitirá no sólo cada partido, sino aquellos que reverberan durante los programas “especializados” en el análisis de lo que sucedió o podría suceder. Decía un filósofo (creo que era Sören Kierkegaard) que mucho de nuestra vida consiste en relatar aquello que ya sucedió y, retornarlo para hacerlo parte de nuestra existencia. Esa es la especialidad de los programas de análisis: Hacer potaje de lo que ha sucedido y nos obligan a tragarlo gota a gota, como si cada una fuese absolutamente ligera.
Aún es pronto para saber si el gobierno brasileño logrará mantener a raya los reclamos sociales que amplios sectores de la población viven a causa de la precariedad y de las reformas económicas aplicadas. Cada que ocurren este tipo de magnos encuentros mediatizados, se reactiva la hipótesis de que los gobiernos aprovechan el entusiasmo masivo, para discutir y aprobar reformas estructurales, mientras que la gran mayoría se mantiene atenta a un tema. Entonces se habla de la entusiasta y apasionada distracción (entretenimiento) de las masas, justo para dar cabida a que la élite política y económica haga de las suyas ¿Será? La hipótesis está.


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