Fecha de Publicación: 05/11/2011
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.
Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM
Todos los días vemos cómo se van configurando nuevas y emergentes formas de vida familiar. Cada día las personas tratamos de lograr plenitud a través de la privacidad e intimidad que nos prodiga esta dimensión de nuestra existencia. A pesar de lo que dictan los cánones más convencionales en la materia, la estructura conyugal nuclear y monogámica, trata de mantenerse a la alza como la forma de vida más legítima. A riesgo de parecer iconoclasta, quiero hacer un recuento de las múltiples causas por las que esa idílica vida familiar (mamá, papá e hijos propios) se ha mantenido en constante transformación desde hace por lo menos medio siglo. Veamos.
Las mujeres lograron decidir sobre el número de hijos y su escalonamiento, gracias a la pastilla anticonceptiva. Actualmente, dicha pauta es apoyada con el uso del condón y/o las pastillas del día después.
El acceso a la educación y más años de escolaridad conquistados por las mujeres, hicieron posible que muchas de ellas mejoraran su auto-concepto, autoestima y que edificaran proyectos existenciales con miras más altas. Se dieron cuenta que el matrimonio, la procreación, el invisible trabajo doméstico y los cuidados dirigidos a su cónyuge, no eran los destinos forzosos ni de por vida.
Las leyes de matrimonio y divorcio civiles, posteriores a la década de los 80, lentamente y avanzando por sinuosos caminos, abrieron cauces para que las mujeres tomaran decisiones y se pudiesen liberar o huir (aunque no siempre) del maltrato y la violencia prodigada por sus machistas esposos.
La visibilidad de la violencia intrafamiliar y su combate; la irradiación de los derechos humanos, más una serie de movimientos sociales, congresos y cumbres a escala internacional, han provocado la paulatina aplicación de gobiernos como el nuestro, para brindar apoyo y atención a lo que sucede “puertas adentro” de los hogares.
Un alud de contenidos mediáticos y la diáspora de información que gravita en internet, han contribuido a dar cuenta de lo que sucede en las familias de todo calibre. Pero, además, han permitido apreciar nuevas formas de vida. Hoy conocemos un mayor número de familias monoparentales de cabeza femenina o masculina; se han recuperado un poco, en número, las ampliadas; coexisten los sistemas mixtos (tus hijos y los míos; tus hijos, los míos y los nuestros; tus hijos y yo). Emergen sistemas interraciales, en combinación o no, con hijos biológicos y adoptados; familias o parejas que emplearon alta tecnología para tener descendencia. Aunque en nuestro país aún de manera soterrada o disfrazada, de facto, ganan un pequeño pero valioso lugar las familias homoparentales. De estas formas de vida, más allá de su estructura o trayectoria, lo que debería interesarnos es que prime entre sus integrantes, el cuidado, el amor, el desarrollo pleno, la protección, la comprensión, la prudencia, la templanza, el buen humor, la solidaridad, la generosidad y, ahora que se puesto de moda nuevamente, el amor.


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