Lecciones de Chavela Vargas

Fecha de Publicación: 13/08/2012
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.

Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM

Nacida en 1919, en Costa Rica, María Isabel Anita Carmen de Jesús Vargas Lizano, decidió naturalizarse mexicana. Desde muy joven se dedicó a cantar, aunque se incursión profesional fue un tanto tardía; cuando ya rondaba los 30 años. Fue impulsada por José Alfredo Jiménez.

Chavela Vargas, la voz de la amargura, de la palabra desgarrada y alargada; la cantante que desafinaba como consecuencia de su profunda conexión con el dolor; la mujer que supo amar a mujeres de la talla de Frida Kahlo. Chavela Vargas, el ser humano que se hundió en la mar del tequila, de sus llantos y, en las mil y una bocanadas del humo de sus puros. Luego, supo cómo salir de su adicción al alcohol y regresó a los escenarios para saborear aplausos. Lo pudo hacer porque contó con lo que todo ser humano debería tener: amigos entrañables. Entonces le abrazaron Pedro Almodóvar, Joaquín Sabina y otros más. Ella, supo hacer homenaje al gran Federico García-Lorca.

A las bandas sonoras de algunos filmes, prestó su peculiar voz. “Luz de Luna”, para la película Kika; “Somos”, para el largometraje Carne trémula; “La llorona” y “Paloma Negra”, para la cinta sobre la vida de Frida Kahlo. Un poco más reciente, su expresión sonora nutrió un pedazo de la película Babel.

El rancio conservadurismo de la sociedad mexicana, provocó que en el último trecho de su notable existencia le hicieran homenajes que ya había recibido en otras latitudes ¿Qué les incomodaba de Chavela Vargas a las audiencias de ultraderecha? Que amara  a mujeres. Esta cantante del género ranchero que murió el pasado 5 de agosto, dejo varias lecciones. Un día dijo: “Lo que duele no es ser homosexual, sino que [te] lo echen en cara como si fuera una peste”. Básicamente a partir del año 2000, durante una entrevista en Colombia hizo pública su orientación sexual como lesbiana, pero también advertiría “Yo he tenido que luchar para ser yo y [para] que se me respete. Y llevar ese estigma, para mí, es un orgullo: Llevar el nombre de lesbiana. [Pero] no voy presumiendo, no lo voy pregonando… ¡Pero no lo niego! He tenido que enfrentarme con la sociedad, con la Iglesia… Es absurdo. Yo nací así, desde que abrí los ojos al mundo” A manera de rúbrica espetó: “Jamás icé la bandera del lesbianismo, aunque juro que jamás lo oculté”.

A partir del día de su deceso, tele-diarios, programas radiofónicos, revistas de cotilleo y sitios en internet recobraron súbitamente su endeble y fugaz memoria y, raudos, se volcaron en semblanzas; no faltaron puestas en audio y video de una parte de su amplia producción discográfica ¿Por qué? Porque la intérprete se había ido a la nada, para siempre. De Chavela Vargas, hay dos expresiones que comparto profundamente. La primera dice: «Dejo como herencia mi Libertad». La segunda, reza: “¿Adiós? Noo, nunca se dice adiós. Se dice: Te amo».

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