Lo visible y marginal en ciertas ocupaciones

Fecha de Publicación: 19/03/2012
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.

Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM

Al ingresar a un estacionamiento, el conductor obtiene un boleto para realizar un pago, cuando migre del lugar. Pero es frecuente encontrarse con personas que “colaboran” en dichos sitios para avisarnos, mediante el clásico: “viene, viene”, si vamos bien. Esta ocupación, compuesta de ese “viene, viene”, pero dicho a la salida, demanda que se le otorguen unas monedas a la persona que, de sol a sol, realiza esta marginal ocupación.

En aeropuertos y variados restaurantes, usted puede hallar a personas que, con o sin uniforme de la empresa, se mantienen dentro de las áreas de los sanitarios. ¿Para qué? Cuando los usuarios concluimos nuestro cometido fisiológico e higienizamos nuestras cándidas manos, ellos o ellas, solícitas, tratarán de evitarnos el desagrado de tomar el susodicho papel por nuestra cuenta. ¿Qué esperan? Que hurguemos en monederos, bolsos o bolsillos, unas contaminadas monedas y se las obsequiemos, para testimoniar nuestra gratitud.

Limpiadores de parabrisas, desempolvadores de carrocerías, tragafuegos, malabaristas; aprendices de faquir o aspirantes a mimos que operan entre altos y sigas de semáforos, constituyen una parte del mosaico de esta marginalidad laboral que exhiben calles y avenidas de muchas ciudades. Al final de las cajas de supermercados, apreciamos adolescentes especializados en acomodar nuestros víveres y productos dentro de bolsas, para nuestra comodidad, propina mediante. Debo incluir a los cuidadores de autos que furtivamente aparecen cuando hay conciertos, obras de teatro o partidos de futbol y, mediante algún artilugio desconocido, se apropian de calles para ofrecernos que no sólo custodiarán nuestro auto, sino que además, lo recomendable es anticipar la propina, no sea que “algo” le vaya a pasar a nuestro coche, dada nuestra palpable tacañería.

Podría seguir con más ejemplos, pero quiero señalar lo siguiente: Tenemos derecho a un empleo. Pero a una ocupación digna ¿Qué significa esa “dignidad” en el empleo? Que las personas desempeñen una serie de tareas y funciones a través de las cuales pongan en operación conocimientos, habilidades y destrezas. Que dicha ocupación, a fuerza de su ejercicio, les permita potenciar sus capacidades, aptitudes y valores. Que a través de un puesto, de una responsabilidad desplegada en una jornada estructurada en rutinas, responsabilidades y proyectos, sostenidos por normas, reglas y metarreglas, los individuos recibamos un salario y acceso a prestaciones sociales. Que dicha faena sea legal y que la persona contratada experimente un sentido de realización; que el futuro, aunque incognoscible desde el eterno presente, resulte esperanzador para sí mismo y para los suyos. Ello comprende ese epíteto denominado “dignidad”, respecto a la ocupación. ¿Qué tienen los empleos marginales? Las consecuencias de lo ya apuntó Richard Sennett “la masa de perdedores tiene que repartirse las migajas”. En las ocupaciones referidas, únicamente se pueden hallar migajas, aunque salgan todos los días a “trabajar”.

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