Fecha de Publicación: 12/03/2012
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.
Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM
El pasado 8 de marzo celebramos el Día Internacional de la Mujer. Una marca civil, para recordarnos lo que se ha avanzado en la materia y lo mucho que resta por transformar para evitar las malas y pésimas condiciones que aún experimentan muchas mujeres a lo largo y ancho de nuestro país y del mundo. No hay recetas porque hay que partir del conocimiento y análisis de cada grupo de mujeres y de cada persona. Los proyectos y alternativas para mejorar las condiciones que limitan el desarrollo de las mujeres, tienen que ser configurados por ellas, pero la otra (casi) mitad del mundo ha de tomar parte activa, es decir, los masculinos, pues priman resistencias que, si no se encaran, los avances serán menores a lo esperado.
Sin otra pretensión que animar a quienes lean o comenten con los suyos esta columna, sugiero algunos textos que pueden desempeñar una piadosa labor de “lámparas” para iluminar un poco, pero de manera firme, lo que reclama entender el feminismo y su contracara, el machismo. ¿Qué tal si se animan a leer las siguientes contribuciones? ¿Son mejores las mujeres?, de Sara Sefchovich. Una ventana para entender qué ha sido del movimiento feminista y cuáles son algunos de sus complejos desafíos; al mismo tiempo, la autora advierte que no se trata de suponer que por el hecho de ser mujer, automáticamente se es mejor; que se trata de cualidades y capacidades en los seres humanos, punto. Otra linterna podría ser: El primer sexo, de Helen Fisher. Un texto que ayudará a entender algo de la vida de las mujeres en los Estados Unidos de Norteamérica. La autora escribe: “La atracción erótica es un simple antojo, el amor romántico es una locura eufórica. La relación amorosa basada en la fuerza del cariño es una elaborada unión [y crecimiento] con otro ser humano.
¿Qué les parece la siguiente lámpara? El machismo invisible regresa, de Marina Castañeda. Ella apunta, cual dedo flamígero: “El sometimiento de la mujer sigue siendo prueba de virilidad en Perú y en Patagonia, en Texas y en Tokio, en una cantina mexicana y en una orquesta sinfónica alemana […] Muchas mujeres dicen de sus compañeros, hijos o hermanos: “Da la impresión de ser dos personas distintas: cuando está en una reunión con los amigos es encantador y atento; platica, hace chistes. Pero cuando está en casa enmudece: está de mal humor, nunca tiene ganas de platicar”. ¿Nos resulta familiar? Por su lado, Gilles Lipovetsky, a través de su texto: La tercera mujer, anota: “en nuestros días el trabajo contribuye a construir la identidad de las mujeres en mayor medida que en el pasado, cuando sólo los roles de madre y de esposa eran socialmente legítimos”. Para quienes tengan interés más acentuado en el tema, van otros candiles más: El Segundo Sexo, de Simone de Beauvoir; La dominación masculina, de Pierre Bourdieu. Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas, de Marcela Lagarde; Cuerpo: Diferencia sexual y género, de Marta Lamas. Linternas y más linternas que se encenderán si leemos estos u otros libros, para intentar mejorar día a día.


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