Fecha de Publicación: 24/12/2012
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.
Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM
Hoy, las familias seguidoras de los mandatos de la Santa Madre Iglesia Católica Apostólica y Romana, más aquellas que se adscriben como Cristianas, en sus múltiples expresiones sectarias, celebrarán la Navidad, es decir, el nacimiento de quien –de acuerdo con esta creencia religiosa—marcó un Antes y un Después en la medición del tiempo.
Se trata de una festividad que, en la gran mayoría de los casos, se nutre de concordia, alegría, re-unión, reencuentro entre parientes lejanos geográfica y/o espiritualmente. Esta celebración incluye obsequios de todos tamaños y, a través del ritual que cada familia recrea, permite mantener la tradición cultural. Como en todos los casos, con las correspondientes transformaciones y adiciones que exige el turbocapitalismo, el dinero adicional con que algunos cuentan (aguinaldo) se pone a circular velozmente en el mercado para que la sobreproducción y los dueños del dinero contemplen cómo el consumismo goza de cabal salud. Siguiendo parte de los dogmas cristiano-católicos, es curioso que las familias celebren el nacimiento de un personaje tan emblemático, del que se asume fue muy pobre y no tenía propiedad alguna, pero que se le conmemore con lo que él menospreciaba de manera tan particular: el dinero.
Para otras familias y sus integrantes, desde los días o semanas precedentes, esta noche (así como la del 31) se torna en una fecha en la que hay que librar una soterrada o manifiesta batalla de dimes, diretes, dislates, distracciones fingidas y disparates, para tratar de hacer comprender a “Tirios o Troyanos” (empleo la expresión propuesta por Virgilio, en su obra La Eneida) acerca del por qué determinadas personas que constituyen parte “esencial y anhelada” de la ampliada familia católica o cristiana, no podrán o no querrán pasar esta noche tan especial, en concordia y paz, justo en la sede que usualmente se marca o que alguien ha ganado para celebrar este momento mítico-religioso-consumista. Llama la atención que los seres humanos tengamos probada capacidad, actitudes y aptitudes para amargarnos la existencia hasta en los momentos en que parte de los conceptos esenciales de tan socorrido ritual hayan sido, entre otros: la salvación, el perdón, la humildad, la generosidad, la resignación, la paz y el amor.
Si tanto interesan y significan las personas que integran nuestras respectivas familias ampliadas (madre, padre, hermanas/os, tíos/as, sobrinos/as, abuelos/as, primos/as, amigos/as de gran significado emocional, hijos/as y muchas otras personas más) tenemos a disposición 363 días al año para tratar de materializar dicho interés y profundo significado con ellos. Mientras tanto, dejemos en paz esta noche de navidad, llegue quien llegue a casa. Salud.


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