
Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM
El próximo fin de semana, entre las personas y familias que por herencia cultural o por decisión propia, profesan algunas de las creencias religiosas aportadas por los relatos de raíces judeo-cristianas, estarán alabando la noche buena –el sábado—y, la navidad (el nacimiento de Jesús) puesto que se cree que nació en la madrugada del domingo 25.
Como la mayoría de las personas que habitan este país, recibí como herencia familiar la fe católica. Ello sucedió durante la endeble, mágica, asustadiza y mítica etapa de mi infancia; de otra manera, para sembrar la fe en otras personas no prosperarían fácilmente si, por ejemplo, se comenzara a enseñar historia de las religiones, pasados los primeros 18 años de edad, es decir, para estar más o menos en condiciones de elegir si uno quiere o no formar parte de cierta religión o bien, para optar por ser agnóstico o bien, un librepensador.
Desde hace casi 40 años, no cesado de plantearme diversos aspectos en torno a los relatos bíblicos que, desde el antiguo y nuevo testamento, nutren las creencias de este dogma. En los días por venir, envueltos en un periodo de descanso, daremos rienda suelta a degustar platillos que se caracterizan por ser “navideños”; cenas, almuerzos y desayunos tendrán el propósito de “conmemorar” la venida del Hijo de Dios, hecho hombre.
Jesús vino a este mundo (católico y también para la mayoría de los protestantes) a salvarnos de nuestros pecados y a morir en la cruz, por nosotros. Lo siento, estoy aludiendo a relatos construidos por distintas plumas muchos siglos atrás y, no existía el “nosotros y nosotras”, porque en aquel tiempo no campeaba el lenguaje incluyente.
Todavía más, si un día tienen ánimo y deseos de (re)leer las historias bíblicas, a las mujeres –lamentablemente– les va bastante mal, a menos que sean vírgenes, esposas de altos jerarcas o mujeres elegidas para cumplir algún destino divino. Es tan patriarcal también la fe católica que ni por asomo alguna mujer podrá llegar a ser la sucesora de San Pedro, es decir, a ser la Jefa de Estado de la ciudad del Vaticano.
En este relato mítico-religioso se “celebra” el nacimiento del hombre que, por la voluntad de Dios (su Padre) se humanizó y, 33 años más tarde de haber nacido, fue crucificado por ostentarse como tal. ¡Sabedores de su fatal final, se festeja! Peculiaridades y paradojas que nutren el pensamiento religioso.


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