Ocurrencia estúpida

Fecha de Publicación: 01/08/2016
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.

Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la estupidez está definida como: la “torpeza notable en comprender las cosas”. El pasado sábado 2 de julio por la tarde, dos jóvenes  (y otras personas más) estaban laborando en una de las líneas de producción de alimentos de la empresa “La Costeña”, ubicada en Ecatepec, Estado de México. Ambos habían sido contratados, presuntamente, en calidad de personal eventual.

Pegadito a las 16:32 horas de ese día, a uno de ellos se le ocurrió generar una selfie (autorretrato o autofoto), pero apuntando hacia uno de sus compañeros que, estando colocado de espaldas a la cámara del teléfono celular de su cómplice, voltea para mostrar que tiene los pantalones desabrochados y colocados al final de sus desnudos glúteos, mientras hace “algo”, en dirección hacia donde están pasando chiles verdes en unas bandas que forman parte de esa línea de producción.

Doce días más tarde, repito, doce días después, alguno de estos dos imberbes y procaces jovenzuelos optó por enviar a sus contactos esta “ocurrencia” malsana y, desde todos los puntos de vista, conducta dañosa. Esta imagen, como otras autofotos o mensajes que dan cuenta de actos o hechos sui géneris, pronto se hizo viral en internet y otros medios. Tuvieron que pasar 8 días, después de aquel 14 de julio en el que la selfie se había viralizado en redes sociales,  ya que hasta el 22 de julio voceros de la empresa decidieron reaccionar ante un acto que –a todas luces– atenta contra quienes consumen alguno de los muchos productos que genera esta compañía de conservas.

Estos dos jóvenes reflejan una parte oscura de la insensatez y de la violencia simbólica que galopa en la época. Lo que asusta es que la intención de hacer daño a otros, a miles de personas, a través de contaminar un producto que va a la boca; que se torna en alimento de miles y miles de seres humanos, pudo haber pasado de largo hacia el mundo de la nada, de no ser porque a su compañero de fechorías se le ocurrió atrapar el momento “cumbre” a través de su teléfono celular. ¡De otra forma, no nos habríamos enterado! Tan campantes como hasta ahora, muchísimas personas seguirían (o quizá continuarán) consumiendo chiles, salsas, frijoles, vegetales, puré de tomate, mayonesa, cátsup, cremas, sopas, vinagre, frutas en almíbar, mermeladas y ate, de “La Costeña”.

Los esfuerzos, el crecimiento, una parte de la credibilidad y la historia de una industria alimentaria que fue creada en 1923 por Vicente López Resines; cuyos productos llegan a más de 50 países, puede ser temporal o permanentemente lastimada por una estúpida ocurrencia que emanó de dos jóvenes, cuya torpeza, barbarie profunda y vocación por la irresponsabilidad, hizo de ese instante una desdicha expansiva.

  • responder María del Pilar Morales Hernández ,

    Vaya… lo que nos toca vivir a través de nuestros medios de comunicación como es el facebook. Y hasta dónde es el límite… hoy fue el caso de una empresa, pero cuántas veces nos toca ver la «desgracia» de una familia, de una pareja, de un caso laboral… Que pena de sociedad y de cultura. tenemos… nos dieron la herramienta para «matar» y no entendimos que era para «construír» Ojalá nuevas generaciones la ocupen para «establecer» mejor comunicación en el mundo.

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