Fecha de Publicación: 02/07/2012
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.
Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM
Después de 90 días de campañas electorales, la jornada de ayer llegó a su fin. Mientras escribo, las votaciones comienzan a despuntar. Desconozco, por ende, cómo quedarán los resultados preliminares. Pero ese no es tema que deseo comentar, aunque ocupará gran espacio por semanas o por meses, según hayan quedado las distancias entre los tres principales contendientes a la Presidencia. Perdón que no incluya a Gabriel Quadri, pero su escasa navegación en las corrientes de la política nacional, más el madrinazgo de la maestra Elba Esther Gordillo, lo dejaron sin posibilidad de entrar a la pelea.
Quiero llamar la atención sobre algunos temas del país. Desde luego, separándome del marketing político. La inseguridad pública parece no tener fin. El subempleo y el desempleo, crecen o se estabilizan en sus regordetas cifras. Si la globalización continúa, Chinos, Indios, Centroamericanos y Coreanos, seguirán llegando a otros países (incluido el nuestro) para colocarse como mano de obra barata y, poco a poco, formarán parte de otras empresas, tanto de la construcción, como en desarrollo de software y en una diáspora de servicios.
En todo el país, la cobertura de la educación media superior y superior se mantiene a raya, dejando fuera de oportunidades a 60 o 70 jóvenes de cada 100. Ni hablar de la calidad de todo el sistema educativo, comenzando desde la primaria y, de allí, en adelante.
Cada vez que haya torrenciales en el país, sabremos de muchos damnificados. Ante las sequías, otra vez los más empobrecidos pagarán las facturas más altas. Los indígenas seguirán siendo los más pobres entre los pobres, a pesar de que ayer hayan salido a votar. La contaminación seguirá afectando nuestros mantos acuíferos y la escasez de agua potable será mayor. La desnutrición, el sobrepeso, la obesidad y la diabetes estarán a la alza porque la industria de la comida rápida y las barritas que ofrecen reponer lo indecible, cotizan en la bolsa (estomacal) de los consumidores. Estos y otros malestares continuarán impulsados por la tozuda labor de la publicidad, por las jornadas laborales desmedidas de las madres y de los padres, sin tiempo para cuidar a sus hijos. Si no cambiamos, únicamente tendremos tiempo para celebrar los rituales del fast-food, los malísimos programas de televisión, los videojuegos, las películas hollywoodenses, rubricados por un sedentarismo funcionalmente iletrado.
Estos u otros problemas, amenazan seguir en nuestras vidas. A menos que, cada uno, deje de pensar que el otro hará el milagro; que “alguien” llevará a cabo la proeza anhelada u ofrecida. Después de esta jornada, a seguir con lo nuestro y a tratar de resolverlo o de reducirlo; que es mucho, complejo, impredecible, también pleno y satisfactorio, pero difícil, día a día.


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