Fecha de Publicación: 13/02/2012
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.
Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM
Algunos se habrán enterado del reciente berrinche protagonizado por el mega-empresario Carlos Slim, cuando la OCDE publicó el Estudio sobre políticas y regulación de telecomunicaciones en México, 2012. Un informe que puso en la silla de los acusados al mismísimo Slim. A petición del gobierno de México, el estudio fue realizado por la Dirección de ciencia, tecnología e industria de la OCDE; auspiciado por el Comité de Políticas de la Información, Informática y Comunicación (Comité ICCP), pero en respuesta a una solicitud de la Comisión Federal de Telecomunicaciones (COFETEL), instancia de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT).
Quedó claro que las conclusiones le causaron retortijones y secreciones biliares al empresario del grupo CARSO. ¿Qué tanto le molestó a uno de los hombres más ricos del mundo, principal accionista de América Móvil y Telmex; a quien diariamente le llega el dinero de más de 241 millones de usuarios de celulares, distribuidos en 19 países de América Latina?
Seguramente expresiones como las siguientes: “México debe eliminar las restricciones a la inversión extranjera impuestas a los operadores de telecomunicaciones de red fija. […] debe orientarse a la total eliminación de los límites o topes existentes a la inversión extranjera… [Se registra] pérdida de bienestar atribuida a la disfuncionalidad del sector mexicano de las telecomunicaciones, misma que se estima en 129,200 millones de dólares (2005-2009), es decir, 1.8% del PIB anual”. La OCDE añadió que “El sector se caracteriza por altos precios, entre los más elevados de los países miembros, y por falta de competencia, lo que tiene como consecuencia una baja tasa de penetración de los servicios y un pobre desarrollo de la infraestructura necesaria para prestarlos”.
Entonces Carlos Slim respondió con frases insulsas y descalificadoras. Veamos una muestra: “el informe es totalmente falso; es una fantasía; una locura, una cifra jalada de los pelos”. Mucha gente cree que basta lanzar al aire epítetos similares para acreditar que les asiste “la razón”. Hay que tener presente que el razonamiento está ligado a la argumentación, a la solidez de los planteamientos y al uso de la lógica; se vincula con las premisas; reclama datos y revisa la confiabilidad y validez de las fuentes empleadas.
Pero no hay que perderse en los sainetes del señor Slim. El cuestionamiento va dirigido al Gobierno de nuestro país. La COFETEL, como instancia reguladora, requiere amplio margen para, efectivamente, controlar este sector; debe generar competencia, mejores precios para los consumidores y protección a los mismos. La tarea es de los diputados federales. Vamos a ver cuántos candidatos/as a estas curules federales colocan en su agenda un asunto que reclama análisis, resolución y acciones inmediatas, en beneficio de gran parte de la población mexicana. Veremos si el próximo round se da entre Slim y la COFETEL.


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