Fecha de Publicación: 23/09/2013
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.
Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM
La semana pasada impartí en la UAEM una serie de conferencias dirigidas a poco más de 300 madres y padres de familia. La característica de las/os asistentes es que sus hijas e hijos están cursando estudios de preparatoria. En una de las charlas, abordé el tema del acceso a la computadora, la Internet y el uso de dispositivos móviles como la tableta, el Ipad y los celulares. ¡Qué duda cabe que conforme los jóvenes van ascendiendo por la escalera educativa, requieren contar con este tipo de tecnologías! Mediante ello, tendrán acceso a un mundo de información que crece vertiginosamente a cada minuto. Luego de hallar los contenidos requeridos para atender sus tareas escolares, deben leerla, comprenderla, integrarlas a sus saberes y –lo fundamental—reelaborarla para que se apropien de ella. Sólo mediante este tipo de procesos, convertimos la información en conocimiento. De otra manera, cuando se sigue la socorrida metodología que reza: localiza, corta, pega, imprime y entrega, pierde todo sentido y relevancia tener acceso a las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC).
El binomio: computadora e internet llegó para quedarse. La computadora podrá tener el rostro de Ipad, tableta o celular, pero será una computadora ligada a la nube. La diferencia estará marcada por los individuos, por sus cualidades, conocimientos, habilidades, intereses, capacidades y virtudes. ¿La persona quiere aprender, realizar actividades valiosas y lograr su desarrollo a escala humana? entonces las TIC ayudarán a ello. ¿El usuario pretende lastimar, denigrar, burlar, extorsionar, explotar, engañar, robar o emprender una actividad ilícita? Mediante el uso de las TIC, intentará lograrlo. Mal estamos si pensamos que basta con tener una computadora y acceso a internet para poseer el conocimiento y para que todos vayamos felices hacia el desarrollo y el crecimiento económico. Aparte de una alfabetización digital insalvable, el reto consiste en no perderse en la internet. Imagine usted más de tres o cuatro trillones de páginas que gravitan en la nube. Cada día se registran 150 mil nuevos dominios.
Por si fuese poco, millones de internautas están colocando o enviando información en la red de redes. Según el reporte de la organización Flatrock, cada minuto, se suman: 48 horas de video procedente de usuarios de YouTube; 684 mil contenidos son aportados por usuarios de Facebook; viajan más de 204 millones de mensajes de correo electrónico; los tuiteros aportan más de 100 mil mensajes.
No sólo tenemos el riesgo de perdernos, sino de ignorar que determinada información científica, tecnológica o aporte cultural, existe desde hace días, semanas, años o décadas; lo que sucede es que no logramos localizarla en el entorno del internet.


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