Fecha de Publicación: 01/10/2012
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.
Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM
ELa semana pasada comenté los resultados de una encuesta aplicada a estudiantes de varias licenciaturas de la UAEM, en torno a los usos que dan a sus celulares. En esta última parte, comparto otros hallazgos. Respondieron la encuesta online un total de 403 alumnos, con rango de edad que iba de 18 a 24 años.
En el 80% de los casos, estos jóvenes deben destinar parte de sus recursos –procedentes de sus padres y/o de sus madres—a pagar su “tiempo aire” a TELCEL, es decir, a Carlos Slim. Todo ello, por obra y gracia del espíritu legislativo y de la COFETEL ¿Competencia en telefonía celular? El monopolio irradia su presencia en el país, a pesar de que en el sector luchan y languidecen empresas como IUSACEL, MOVISTAR y UNEFON.
Antes de la década de los 90, hablando del siglo pasado, cambiar de teléfono en casa era, en parte, un acontecimiento especial pues pasaban varios años o lustros antes de que ello sucediera. Con la irrupción de la cuarta revolución tecnológica, más la propagación de la era consumista, el teléfono personal (celular) tiene como condicionante una mañosa y planeada obsolescencia, en pro de un neocapitalismo inescrupuloso. Dicha visión reza así: nacer, vivir unos cuantos meses, envejecer y tirar, para dar cabida a los siguientes modelos que se producen a gran velocidad y –valga la expresión– en cantidades industriales. Nuestras cifras revelan que, a pesar de que los jóvenes universitarios disponen de poco dinero, logran que sus progenitores (o ellos/as) les compren un nuevo celular cada 18 meses (38%) o mejor aún, cada año (27%). Las estrategias mercadológicas para persuadir a usuarios, consumidores y compradores de que hace falta cambiar de modelo en telefonía celular, gozan de cabal salud.
El celular es mucho más que un simple teléfono y desborda los cándidos usos que se varios imaginan. No sólo hay mensajes de texto, llamadas, fotografías o el ingreso a internet para consultar carteleras de cine. Este dispositivo lo utilizan las madres y los padres, para tratar de controlar, monitorear, vigilar y proteger a sus vástagos; como una suerte de cordón umbilical tecnológico posmoderno. Nuestra encuesta indica que el 66% de las llamadas que reciben los jóvenes (hombres y mujeres) proceden de la madre; ella es quien llama para tratar de saber –a ratos fallidamente– dónde está su querubín; qué hace; a qué hora planea poner pie en casa y/o por qué no se ha reportado a las tantas de la noche o madrugada, especialmente si es viernes o sábado de antro ¿Con qué no cuenta el mundo adulto? Con la capacidad que todos tenemos para el contra-control. La socorrida evasión mediante los clásicos: no escuché; se me acabó la pila y, no tenía crédito. A la vigilancia se le combate con respuestas desde la libertad humana.


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