Nanotecnología, sus contrastes

Fecha de Publicación: 22/04/2013
Esta columna fue publicada en el periódico Milenio Estado de México.

Luis Alfonso Guadarrama Rico
Coordinador Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Investigación FAMECOM

Usted ha escuchado que la tecnología avanza; que cada día se inventan o crean nuevos productos. Medicamentos contra el cáncer que son capaces de atacar únicamente a las células o tejidos cancerígenos, sin provocar daños colaterales. Telas o forros que son repelentes al polvo, a ciertos líquidos. Sustancias capaces de descontaminar el agua de ciertas bacterias o compuestos dañinos, para su reciclaje y aprovechamiento. Ropa deportiva que permite retener determinadas sales minerales para que el cuerpo la reabsorba mientras la persona se esfuerza. Teléfonos celulares más pequeños y delgados, pero cuya capacidad de almacenamiento (voz, datos, imágenes, sonidos) aumenta de manera exponencial. Baterías para automóviles eléctricos que requieren menor tiempo de recarga y que duran más.

Estos y otros adelantos han sido aportados por las nanotecnologías. Se trata de nuevos y viejos materiales que, al ser manipulados a escala atómica, molecular o macromolecular, con el apoyo de alta tecnología, se descubren o crean nuevas funciones, dando lugar a una gran cantidad de aplicaciones en la industrial metalmecánica; energía alterna; en los sectores químico-farmacéutico, agroalimentario, telecomunicaciones, petroquímico, aeroespacial e informático, entre muchos otros. A través de estos descubrimientos, los centros de investigación, las universidades, las empresas, los gobiernos de los países y los consorcios más poderosos, protegen estos nuevos conocimientos y los patentan para, luego, generar ganancias por 20 ó 25 años, como resultado de la explotación de productos, dispositivos e inéditos materiales. A los países como el nuestro, que poco o nada invierten en investigación, desarrollo e innovación, les queda el consuelo de convertirse en: 1). Suministradores de materiales para que otros desarrollen los nuevos; 2). Ensambladores de partes para nuevos dispositivos, productos o artefactos y, 3). Consumidores de todo cuanto nos ofrece el mercado global.

La cara no visible de las nanotecnologías es que, a pesar de todo el aporte que generan y que palpamos día a día, al estar apoyada en instrumentos altamente tecnificados, reduce la fuerza de trabajo como resultado de la modificación en los procesos de producción; usualmente el desempleo crece; reduce el consumo y afecta la producción en otros campos, justo porque se crean nuevos materiales o productos que sustituyen a otros ¿Qué hacer? Desde las universidades (públicas y privadas), desde la sociedad civil, desde las ONG’s, ponerlo de relieve. Estar atentos. Atemperar los entusiasmos. Señalar los impactos de manera holística y actuar colectivamente para vivir mejor y no sólo para que unos cuantos sean beneficiarios de las nanotecnologías.

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